GEORGETTE & JOSEPH

- ¡Oigan esto! Un niño de 6 años aprovecha que sus padres duermen para salir a la carretera con su cochecito de pedales. Ha sido hallado en una autopista cerca de Munster, Alemania. El niño ha dicho a la policía que sólo quería ver las estrellas.
- Una historia preciosa a pesar de todo.
- Pobre crío, el amor es la única enfermedad que le quedaba por pillar.
- De ahí se deduce que nadie es inmune.
- En todo caso el amor te hace guapa.
Georgette and Joseph - Amelie
50DST

GUIDO & DORA

—… Que tengo unas ganas de hacerte el amor que no te puedes ni imaginar. Pero esto no se lo diré a nadie. Sobre todo a tí. Deberían torturarme para obligarme a decirlo.
—¿A decir qué?
—Que quiero hacer el amor contigo. No una vez solo, sino cientos de veces. Pero a tí no te lo diré nunca. Solo si me volviera loco te diría que haría el amor contigo, aquí, delante de tu casa, toda la vida.

Guido and Dora - La vida es Bella
40DST

CARTA DESDE MO'OREA

Queridos mamá y papá:

Mañana regreso a casa, han terminado mis vacaciones en la Polinesia. La mayor parte del tiempo la pasé en la isla Moorea, donde me alojé en unos bungalós situados sobre la orilla. Lo hermoso que era todo aquello no puede describirse con palabras, por eso os envío una postal de lugar junto a la carta. 

El primer día, llegamos a Moorea a mediado de la tarde, después de haber realizado algunas compras en Papeete y haber cogido el Moorea Ferry para llegar hasta la isla.  Digo “Llegamos” en lugar de “Llegué” porque pese a no haberos comentado nada, no fui sola tal y como estaba planeado: Albert vino conmigo.

Lo primero que hice al llegar a nuestro Hotel estilo cabaña fue dejar las maletas dentro, arrojar el vestido sobre la cama – llevaba el bikini debajo – asomarme a la terraza, sentarme sobre el porche y mojar mis pies en el agua. No tardé en lanzarme de lleno y quedarme chapoteando en esa orillita de aguas cristalinas.

Albert sacó una mesita de madera que había en la habitación y un par de sillas a la terraza, invitando a que cuando quisiera dejar de jugar en la orilla como una cría, subiera y me sentara con él, acompañándole mientras tocaba la guitarra, con la cual habíamos cargado durante todo el viaje.


Como ya era tarde cuando llegamos, a los pocos minutos empezó a caer nuestro primer atardecer en la Polinesia, apoyé mis codos sobre la tarima de madera, aún sumergida en el agua y observé entre tanto a Albert rascando cuerdas. De vez en cuando le decía algo a media voz para que no pudiera entenderme, él paraba de tocar y me preguntaba “¿Qué?” y entonces me quedaba callada y pateaba en el agua intentando salpicar hasta donde él estaba situado. Cuando repetí la broma por cuarta o quinta vez Albert me advirtió que ya era tarde y que empezaba a hacer rasca y que si seguía en el agua iba a parecer una uva pasa, entró al Bungaló y sacó una toalla.

Salí del agua, hundí mi cara en la toalla que tenía un olor diferente – a vacaciones, un nuevo aire – y me sequé con ella. Como aún tenía el pelo chorreando agarré la sudadera de Albert, que la había dejado sobre el respaldo de una de las sillas, me la coloqué sobre el bikini, aún húmedo y me enrollé la toalla en la cabeza.
-       - Deberías verte con esas pintas.
-       - Pues tú estás increíblemente guapo con esa camiseta Hawaiana… Deberías usarlas siempre. Para ir al trabajo, para asistir a una boda, por mi cumpleaños…

Tras estas palabras Al me regaló una sonrisa que confesaba claramente mi –falta de remedio - y siguió probando acordes con la guitarra. Entré al bungaló y salí tatareando un ritmo que pegaba con lo que sonaba de la guitarra, agitando un par de copas tratando de poner cara de “¡Sopresa, adivina lo que toca ahora!” aunque de sorpresa nada, porque bien había sido él a quien se le había ocurrido la idea de las bebidas, el debió pensar lo mismo porque dejó de tocar y frunció el ceño diciéndome claramente con la mirada “A ver, sorpréndame usted” .
     - ¡Ah, si… El vino! Dije frenándome en seco y levantando el índice fingiendo que olvidaba algo.
-       - Ah, si… El vino. Susurró Albert para sí mientras fijaba de nuevo la mirada en su guitarra.
-       - ¡Te he oído, que lo sepas!
-       - ¡Qué oído más fino… Me gustaría saber cómo se te da en la guitarra!
-       - Pues genial, ¿Cómo se me iba a dar? Respondí con tono de burla. Y aunque no lo vi porque le estaba hablando a voces desde la cocina, se que Al se estaba riendo, si no por fuera… Por dentro. 
  
  Salí enseñando la botella cual artista orgullosa de mostrar su óscar por interpretación. Albert me regaló una segunda sonrisa y se quedó mirando cómo trataba de abrir la botella, sujetándola entre mis piernas.

-       - ¿Necesitas ayuda?
-       - Si, gracias…
-       - Esto no es champán, es vino… Se apoya, agarras el sacacorchos y… ¡Voilá! No hay que hacer lanzamientos ni nada.

¿Os podéis creer? No fui capaz de abrir una mísera botella. Los últimos rayos de sol rielaban en las copas que Al me había servido con delicadeza. y nos quedamos en silencio unos minutos, viendo caer la tarde sobre nosotros y oscurecerse el cielo en aquel primer viaje al extranjero juntos. Al poco rato, vimos encenderse las luces del porche del Bungaló vecino, de donde salió una pareja anciana de lo más entrañable. Miraron hacia nuestra terraza y nosotros, divertidos; saludamos con la mano, ellos respondieron y entonces Al hizo gestos para que vinieran a nuestra terraza. 



Después de todo un espectáculo de señas y risas entre las dos cabañas, accedieron a acompañarnos. Les ofrecimos nuestros asientos en la terraza, yo saqué un par de copas más para serviles nuestro vino; un Vega Silicia de 2001, Blanco. Robusto pero afrutado, con notas de nueces y de frambuesa. Escogido a dedo por mi acompañante – Les encantó. Albert tiene un gusto exquisito – mientras tanto Al sacaba un taburete por si quería sentarme, al final pasamos todos la mayor parte del tiempo en pie, hablando sobre lugares del mundo – Resultó ser que la pareja era de San Francisco, y desde jóvenes su hobby había sido viajar juntos. Nosotros en cambio era la primera vez que salíamos de España el uno con el otro.

Cuando la pareja volvió a su Bungaló, los ojos de Al brillaban muchísimo, parecía un niño; entusiasmado con la conversación que habíamos tenido con nuestros vecinos. Entonces me propuso que nuestro próximo viaje fuera a San Francisco. Que deseaba conocer el Bosque de secuoyas.

Guardamos las cosas dentro de casa, y cuando nos fuimos a la cama pasó un largo tiempo entre que nos acostamos hasta que decidimos dormirnos, conversando y planeando  ya el próximo viaje, por una milésima de segundo me vi agobiada ajustando presupuestos, fechas de vacaciones, planificando rutas… Hasta que me di cuenta de que estábamos en Moorea, de que era nuestra primera noche en nuestras primeras vacaciones y lo que tocaba ahora era disfrutar del destino que habíamos escogido.

¡Ahora tengo que ir ha hacer las maletas, pero mañana cuando regrese a España os escribo otra carta y os cuento el resto de las vacaciones! Hoy se me ha hecho tarde con tantas descripciones detalladas – Pero tenía que darlas. Esto es un sueño.

¡Un beso muy grande a los dos y un achuchón al pequeño Circo! Os quiero muchísimo. Nos vemos pronto. ¡Mañana os escribo de nuevo! 


Musa de la Glíptica
1NSC

IDA & LIS

Tú no sabes el efecto que provocas, ¿Verdad?
Lis - Ida
30DST

EL ZAHIR

“Dicen que a lo largo de nuestra vida tenemos dos grandes amores: uno con el que te casas o vives para siempre, puede ser el padre o la madre de tus hijos… Esa persona con la que consigues la compenetración máxima para estar el resto de tu vida junto a ella...

Y dicen que hay siempre, un segundo amor una persona que perderás siempre, alguien con quién naciste conectado, tan conectado que las fuerzas de la química escapan de la razón y te impedirán siempre, alcanzar un final feliz. Hasta que cierto día dejarás de intentarlo…

Te rendirás y buscarás a esa otra persona que acabarás encontrando, pero te aseguro que no pasarás ni una sola noche, sin necesitar otra beso suyo o tan siquiera discutir una vez más. Ya sabes de quién que estoy hablando, porque mientras estabas leyendo esto, te ha venido un nombre a la cabeza.

Te librarás de él o de ella, dejarás de sufrir, conseguirás encontrar la paz (será sustituido por la calma), pero te aseguro que no pasará ni un solo día en que desearás que este aquí para perturbarte. Porque a veces se desprende más energía discutiendo, con alguien a quien amas, que haciendo el amor con alguien al que aprecias.”


Paulo Coelho - El Zahir
22DST 

JUNO & BLEEKER

"Sólo me gusta ser una pequeña pieza en tu extraña vida."
Juno McGuff - Juno
20DST


MI PADRE, LA MOTO Y EL CONTRABAJO

- ¿Qué estás haciendo?
- Un cabujón de ágata. Pensaba hacer un colgante con él, pero estoy pensando que igual queda mejor engarzado en un anillo de plata. ¿Qué te parece?
- Parece un huevo. Oye, necesito que dejes eso un momento y te pongas con este encargo. A mi se me han roto las patillas de éste pendiente y tengo que volver a empezarlo. Devasta y pule esta aguamarina, ¿Vale? Necesito seis caras bien definidas.
- Está bien.

(Enciendo mi máquina de trabajo. No hay hilo musical en la tienda. Necesito estar atenta al sonido del motor para saber si estoy trabajando correctamente. Mi padre se dirige a su mesa, se coloca las gafas de aumento y empieza a estudiar el pendiente y las posibles soluciones para su arreglo.)


- ¿Sabes? He pensado en sacarme el permiso de conducir. El de moto, claro está. De dos y medio.

- ¿Y para qué?
- Para poner a punto la Kawasaki y poder cogerla.
- ¿Y a dónde vas a ir?
- Podríamos ir al circuito de Jerez. Cuando era pequeña me prometiste que iríamos juntos. Que iríamos en moto, por carretera. Y que allí, acamparíamos el fin de semana, durante el circuito. En un camping de moteros. Eso me prometiste, ¿Recuerdas? 
- Y no tan pequeña tú prometiste que me ibas a regalar un bajo acústico sin trastes por mi cumpleaños. ¿Recuerdas? 

(Hago memoria. Está en lo cierto, aunque hacía mucho tiempo que lo había olvidado. Paro el motor, cambio de disco. Enciendo el motor, sigo trabajando.) 


- Oye, papá; ¿Me enseñarás a tocar Jazz? 

- Tú ya sabes tocar Jazz. 
- Pero con el contrabajo. 
- ¿Quieres aprender a tocar el contrabajo? 
- Ahá… 
- Pues ya sabes, en casa tienes dos bajos. Sólo tienes que ponerte. 
- Yo quiero aprender a tocar el contrabajo. 
- Primero se empieza con el bajo... Por cierto, ¿Cómo va eso? 
- Bien, ya he cambiado de disco. ¿Y para aprender a tocar, compraremos un contrabajo? Uno barato. 
- Aún tengo uno en Sevilla. Se lo presté a un colega hará quince años. Hace poco, a través de Facebook encontré a un amigo de este colega. A ver si hablando con él localizo al que tiene mi contrabajo y hacemos un viaje a Sevilla a buscarlo. 
- ¿Sin avisar? ¿En plan mafia? ¿Presentándonos en su casa? 
- Podemos intentarlo por las buenas. Si no, siempre se puede ir en plan mafia. 
- Si no fuese por el viaje de vuelta. Podríamos ir en moto. 

(Levanto la pieza de aguamarina del plato, la seco con un paño. Observo el resultado que estoy obteniendo. Mi padre se levanta y se sitúa a mis espaldas.) 


- ¿Me dejas verlo? Ya casi está. Yo que tú ponía el disco de prepulido ya y no perdía más tiempo con eso. Por esta esquina no te preocupes, ahora te digo como arreglarlo, tiene truco. Luego te lo enseño. 

- De acuerdo. Oye papá, ¿Crees que iremos a Jerez este año? En moto me refiero, llevando yo la Kawasaki. 
- Para poder llevar la moto, deberías saber montar en moto. 
- Por eso te he dicho que quería aprender antes, sacarme el permiso. Para que vayamos los dos juntos, tú con la Honda, yo con la Kawa. Hasta jerez, en carretera. 
- Ese viaje lo hice yo con tu madre cuando éramos jóvenes. Ahora, no se si ya estoy mayor para un viaje largo y pesado. 
- ¿Insinúas que deberíamos ir ambos en una misma moto? 
- Si. Podría ser. 
- ¿Quién conduciría? 
- Podríamos ir turnando. Los viajes largos en moto, son cansados. Te advierto. 

(Paro el motor. Seco la piedra con un pañuelo. Miro la hora. Faltan diez minutos para el cierre de medio día. No tengo ganas de seguir trabajando.) 


 - Papá. Me duele la muñeca, creo que me la he abierto. Estoy haciendo mucha presión, y tantos movimientos en círculos… 

- Es normal. 
- También me duele cuando toco el bajo. 
- Eso es porque no estás acostumbrada. 
- Era muy pequeña, ¿No? Cuando vendiste el contrabajo. Recuerdo que me gustaba más que el piano. Quería tocarlo. 
- Querías romperlo. 
- ¿Cómo? 
- Siempre lo estabas rondando. Querías tocarlo, y lo toqueteabas todo el día. Yo tenía miedo de que se te cayera encima y se rompiera. 
- ¿Temías por mí o por el contrabajo? 
- Por ambos. (Miro hacia mi padre, está concentrado en su trabajo. Enciendo el motor de nuevo, y sigo su ejemplo de constancia.) 
 - Ahora que estoy aprendiendo tanto de joyería, cuando tenga el permiso de dos y medio y aprenda a tocar el contrabajo, seré casi como tú. 
- También se de dibujo arqueológico, topografía, ilustración y fotografía. 
- Me gustaría ser como tú… ¿Tú no te admiras? 
- ¿Admirarme, yo? Qué preguntas más raras haces. Yo sencillamente paso. 
- ¿No te gustas? 
- No me doy asco. 
- Yo creo que no podría tener un padre mejor. 
- Podrías tener uno al que no se le rompieran las patillas de los pendientes que está arreglando, ¿No crees?. 
Musa de la Glíptica

Una mañana de trabajo.

Nunca antes había sentido tanta fascinación por alguien. 
La expresión "Nunca antes" había resultado ser toda una vida. Te Quiero.




CHRISTIAN & SATINE

"Lo más grande que te puede suceder es que ames y seas correspondido"
Christian - Moulin Rouge
10DST

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