EL ENTIERRO

Esta será la última vez que sepas de mí. Sí, suena demasiado tajante para ser cierto, pero he de advertir que a mis veintisiete años creo reconocer cómo celebro el funeral de algo que entiendo que está ya muerto. Creo que tanto drama; tanto llanto y tanta angustia tan sólo anuncia que se acerca el entierro de un amor incierto.

Musa de la Glíptica

EL CASTIGO DE LA ORILLA


Acompáñame a nuestra orilla. Dónde cogidos de la mano me llevaste a pasear, avanzando con torpes pasos en aquella playa pedregal. Acompáñame a dónde un día estuve viva, tan viva como tu mirada el primer día. Tan viva que sonreía, excusando mi alegría en el anhelo de brisa marina.

Que ahora, que me abandonas cargas mi cuerpo con el peso de tus sentimientos esperanzado con hundirme en el mar. Si conocer, que el alivio está en la muerte, y esta se haya en la profundidad, donde puedo ahogarme. donde mis pulmones se llenan de agua salada; dejando de respirar. Que no acabas conmigo porque me quieres castigar.

Que no hay peor castigo, que vivir anclada en una orilla, con el agua en los tobillos, sabiendo la muerte aún lejos y viendo la vida pasar. Que me empujas y te alejas arrastrando tus cadenas que una vez tras otra te hacen pivotar; de bolla en bolla, de puerto en puerto, de faro en faro y siempre hasta el ancla donde me hallo. Como las olas de nuestra orilla; que vi vienes, que si te vas.

Musa de la Glíptica

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