QUE SEAS TU QUIEN ME LO CUENTE

Imaginé que te resultaría imprevisible mi llamada, siento haber actuado con tan poca precaución y tal descaro. Pero necesitaba que fueras tú quien me lo contara. Oír tu voz narrándome sobre nuestros encuentros, de cómo lo hacíamos hará un tiempo. De una batalla de miradas de la cual nos hicimos dueños. De tu mano deslizándose entre disimulados roces por mi cuerpo.

Me gustaría que me recordaras como fueron, pues yo apenas puedo, tus besos. Aquellos que comenzaban con hambre de deseo. Saboreando mis labios entre suaves mordiscos y con ariscos gestos sujetar mi boca a medio abrir con tus dedos.


Quizás puedas describirme el sentimiento producido una vez que te abalanzabas sobre mí, cuando agarrabas mi pelo enredado en tu mano, evitando que me incorporase para provocar tu cuello. Cómo insistías con dichos actos que tú eras el amo y yo tan solo esclava de placeres de uno de tus juegos.


Realmente necesito que me expliques como yo te desnudaba con mis manos y tú con la mirada. También tú recordarás aquella pausa. Pausados para admirar el primer premio de una aventura que no había hecho más que comenzar. Ver mi cuerpo desnudo frente al tuyo. Yo tan ridículamente nerviosa y tú tan poderoso resultabas imposible de alcanzar.


Relátame de tus intenciones, cuando en mis intentos de acercar mi mano hacia tu miembro, con una ligera manotada la apartabas para ser tú el creador de placeres frotando fuertemente mi sexo haciéndome ahogar entre jadeos. Provocabas necesitad de sentir tu miembro cuando me advertías de su llegada introduciendo a su debido tiempo uno, dos y hasta tres dedos.


Me gustaría ver una vez más esa sonrisa dibujada en tu cara cuando por descuido bajabas la mirada. Tus incrédulos ojos posados sobre mi pecho y la necesidad de tu mano convertida en garra de asegurarse que aquella visión no era un espejismo, sino un hecho cierto.


Y corrígeme si me equivoco, pero creo recordar que también tus primeros impulsos para sentirte todo en mí, esos pausados pero constantes empujones contra mis adentros me producían simpáticas sonrisas de satisfacción. Y hacíamos el amor riendo.


Enumérame las veces que me hiciste tocar el cielo. Al menos aquella noche sobre la arena y te enumeraré cada una de las veces que perdí el aliento mirando las estrellas. Y llegaron. Mis primeros gemidos de placer supremo. Tú en silencio como siempre y mi impaciente boca dejando escapar lujuriosas soeces que no hubieran sido confesadas de haber pasado por mi mente.


Recuerda y hazme recordar la rabia que agarraba si con tu lengua recorrías parte de mis senos y descendías por mi vientre en busca de lo que no permitía que probaras. Entonces sumisa se convertía en ama. Y obligándote a intercambiar papeles te tumbaba mirada fijada en el techo mientras era yo quien te saboreaba. Mi lengua más curiosa que yo misma quería conocerla al pie de la letra. Y aunque curiosamente haya olvidado cómo era, recuerdo que me gustaba recorrerte a lametones de arriba abajo y viceversa, atragantarme de ti apretando con mis húmedos labios y mi endurecida lengua. Hasta descender y sentir su calidez mientras entra. Tu silencio interrumpido por un inevitable suspiro. Creo recordar que te encantaba que te la comiera.


Deberías contarme también sobre aquellas veces que una vez liberada de aquella etiqueta cargada de miedos me incorporaba para bajar en el mismo momento de sentir como nuestros sexos se conectaban. Me encantaba subir y descender lentamente o cabalgarte con todas mis ganas. Entonces un conjunto de movimientos se repetían de manera que se escucharan tus suspiros adquiriendo una gravedad entrecortada.


¿Sabes? Destrozabas mi sexo cuando una vez te sentía fuera me agarrabas para darme la vuelta y volver a mí desde atrás. Tú al límite y yo al borde de repetir una vez más. Mis agudos gemidos convertidos en auténticos gritos. Y en plena embestida producirme el deseo de que terminaras dentro. Tú al límite y yo repitiendo. Llegábamos a un punto en el que no teníamos porqué contenernos y tras últimos esfuerzos terminar recuperando el aliento a caladas en el suelo.


Gracias. De verdad necesitaba que fueras tú quien me hablara de estos recuerdos. Siento haber llamado ahora que se que estás con ella. Pero ya sabes cómo soy. Necesitaba hacerlo.

Musa de la Glíptica



ADORABLE TIPO DESAGRADABLE

Me siento incoherentemente atraída por una persona horrenda, cuyo físico precisamente no es el más afortunado, cuya prepotencia puede convertirlo en el ser más insolente, cuyos gestos van cargados de violencia y desagrado.

Pero yo lo encuentro hermoso, y me deleito con la belleza que posee aquel monstruo que se mofa de los más desamparados para hacerse ver y valer. Sueño con encontrarme entre los brazos de quien tan solo tiene garras para hacer daño.


Precisamente él, que no merece mi amor ni el de nadie, me tiene absorta fantaseando con desafortunados encuentros, donde yo lo observo y como respuesta obtengo la ignorancia por mayor agrado.


Tendré que contárselo a mis familiares y amigos, que extrañados por mi poco interés hacia el amor siempre me habían forzado a buscarlo. Iré y les contaré pasionalmente que al fin me he encontrado la persona repugnante y cruel de la cual me he enamorado.

Musa de la Glíptica

¡Siento muchísimo el abandono de este pequeñito espacio! Lo compensaré con Besitos de colores

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