FOLLARSE A LAS MENTES

"¿Que de qué sexo sea? En realidad me da igual, es lo que menos me importa. Me puede gustar un hombre tanto como una mujer. El placer no está en follar, es igual que con las drogas. A mi no me atrae un buen culo, un par de tetas o una polla así de gorda. Bueno... no es que no me atraigan...¡Claro que me atraen! ¡Me encantan! Pero... no me seducen... Me seducen las mentes, me seduce la inteligencia, me seduce una cara y un cuerpo cuando veo que hay una mente que los mueve y que vale la pena conocer... Conocer, o ser, dominar a la mirada, la mente Hache.
Yo hago el amor con las mentes, ¡Hay que follarse a las mentes!"



Dante - Martín Hache

Aveces una mente se te adelanta a expresar lo que uno desearía, y aunque se haga con otro estilo y utilizando diferentes palabras, el mensaje es el mismo. He aquí parte de un diálogo de la película Martín Hache. Película que recomiendo.

SILHOUETTE

Resulta imposible conciliar el sueño con ésta lluvia golpeando sobre los ennegrecidos cristales de la ventana. ¿Qué hora es? Las cuatro. Tan solo hace dos horas que volvimos de aquella descorazonadora celebración de bodas.

Aquel al que amo duerme apaciblemente a escasos milímetros de mi rostro, aún así, la oscuridad me impide verlo. Realizo el esfuerzo de levantarme sin despertarlo, aunque debido a los grados de alcohol sumados con el cansancio que arrastra todo su ser dudo que aún siendo brusca pueda perturbar su reposo.


Me desenvuelvo de las sábanas que nos cubren y trato de arropar su cuerpo con sumo cuidado. Busco a tientas en el suelo entre nuestras prendas el abrigo de cuero aún mojado. No lo encuentro, quizás deba encender el flexo.


Mi respiración se ve entrecortada al escuchar el “crack” generado por el muelle de la cama. Tranquila, sigue durmiendo. Para mi sorpresa en el suelo solo encuentro mi vestido y los pantalones de su traje de chaqueta. Mi abrigo no. Mi abrigo ocupa su lugar en el perchero.


Descalza y en ropa interior recorro con sigilo, a oscuras todo el pasillo. Parece increíble que no sienta la humedad calándose en mis huesos durante ésta tormentosa noche de Septiembre dónde el tiempo decidió cambiar repentinamente. Saco del bolsillo interno aquella cajetilla de puritos un tanto arrugada a la cual nos convidaron durante el banquete. Un presente para celebrarlo ¿No? Vaya una forma de matarnos.


Me acomodo en el sillón de la salita y situando el cenicero sobre mi regazo trato de encender el primero de aquellos gruesos cigarros. El mechero no funciona, debía suponerlo. Por suerte encuentro otro a mano sobre la mesilla. Enciendo con facilidad el puro y aspiro aquel veneno.


Inclino mi cuerpo lo suficiente como para visualizar a través de las numerosas puertas abiertas mi dormitorio, en él, sobre la cama, bajo las sábanas, el cuerpo de mi ángel (Borracho, pero ángel al fin y al cabo) descansando. La luz de un rayo desvía mi atención hacia la ventana, pocos segundos después se manifiesta su sonido. Vaya una noche tronada.


Expulso suavemente todo el humo de mi garganta creando psicodélicas formas grises en el aire. Imagino que se tratan de pensamientos. Deben de ser tan difusos. Medito sobre mis deseos. Tan solo existen dos respuestas a aquella cuestión que me lleva horas rondando la cabeza. El problema es que son extremadamente opuestas. Juego a intentar ver ambas en consonancia.


Supongamos que una respuesta es representada por el habano que sujeto en mi mano. Supongamos que la otra alternativa es el gotelé de la pared que hay justo detrás de éste. Intento enfocar con mis ojos ambas cosas a la vez. O se trata de un hecho imposible o el sueño ha decidido acompañarme a estas alturas de la madrugada. Quizás deba probar mañana.


Parece ser que la lluvia ha cesado. Todo hubiera quedado en silencio de no ser por el “Tic” de un interruptor. Proviene de mi dormitorio. Mi cuerpo de nuevo inclinado lo suficiente encuentra vislumbrar a través de las anteriormente mencionadas puertas la silueta a contra luz de quien, despierto se recorre el pasillo con la intención de llegar a mi encuentro.


Anhelo que no me mire. Pero tampoco hago nada por evitarlo. Tengo la piel amoratada por el frío y llevo toda la noche llorando. Horrible ¿Verdad? Sin embargo el se sitúa en mí, envolviéndome con sus brazos. Mmm… Qué desahogo. El amor hace milagros.



Musa de la Glíptica 



No podía dormir anoche. Yo también tengo mis dudas... Hasta que logre resolverlas, me despediré siempre con Besitos de colores.

DEL AMOR AL ODIO

Lo había odiado, me contó. No siempre lo había odiado, pero si todo el tiempo que supuestamente él había tenido que amarlo, cuando aquel tiempo había sido muchísimo más corto en comparación con lo que él realmente había amado en silencio durante años.

Lo había amado, creyendo que el tiempo lo cura todo e intentando no odiarlo hasta darse cuenta de su autoengaño. El tiempo no había logrado curar todo ese dolor sufrido en un pasado, y los buenos recuerdos no contrarrestaban los malos.


Musa de la Glíptica


La historia más sincera que he sentido... Concluirá en un futuro no muy lejano, hasta entonces solo me queda decir; Besitos de colores

DESEO DE LLUVIA

Hubiera deseado que lloviera aquel día, añoraba el olor del húmedo asfalto de aquellos viejos callejones. Los oscuros escaparates mostraban una escasa decoración un tanto lúgubre que alejaba al público cualquier idea de adentrarse en aquellos comercios.

Abrió el paraguas en seco y se paró frente a una pequeña boutique, Dentro estaba ella. La observó. Comprobó cada uno de sus gestos que delataban la espera de que algún cliente la mantuviera alejada de aquellos recuerdos tan recientes que debían rondar la cabeza a ambas.


Mordisqueaba su bolígrafo hasta desgastarlo. Adelantaba un paso con ánimo de realizar alguna acción y de nuevo se paraba en seco para seguir titubeando con el bolígrafo.


El Reloj. Creyó que su trabajo consistía en vigilar aquel enorme Reloj de bordes rojos, no fuera a ser que sus pequeñas manecillas lograran escapar de aquella barrera de cristal del mismo modo que ella deseaba escapar de la tienda.


Su atención al Reloj se vio interrumpida por el sonido de un paso de tacón junto a la puerta. Miró y no vio más que hojas caducas levitando a pocos centímetros del suelo. Tan solo tardó un segundo en reaccionar y andar hacia la puerta.


Se alejaba de aquel lugar a paso cada vez más lento debido a la carga de arrepentimiento que arrastraba con sus zapatos, a poco menos de diez metros escuchó el “tilín” de la campanilla de la boutique, y de aquella puerta abierta pareció surgir el aroma de sus cabellos.


Paró en seco y respiró hondo, quería recordar aquel olor al menos un par de horas antes de asegurarse que pasaría mucho tiempo antes de volver a respirar ese aire perfumado. Imaginó su cabello perfectamente recogido salvo su desastrado flequillo. Y de nuevo echó a andar por aquel imperfecto callejón negro.


Asomó la cabeza por la entrada de la boutique. El viento hizo batir un poco el flequillo sobre sus entristecidos ojos. Observó como una persona se alejaba adentrándose en lo más profundo de aquellas calles. Intentó intuir su figura a través de un enorme paraguas que cargaba sobre su hombro, más éste lo cubría tanto que ni a sabiendas de que era ella fue capaz de pronunciar su nombre.


Miró al cielo. No llovía, aunque hubiera deseado que lo hubiera hecho. Impulsó un último suspiro antes de recogerse con el “Tilín” de la entrada. Y apresurada, de nuevo dirigió su mirada hacia el Reloj no fuera a ser que algo hubiera cambiado. Sin pensar que un segundo más ya era todo un cambio.



Musa de la Glíptica

Distintas versiones en tercera persona. Les dejo de nuevo con Besitos de colores… ¡Hasta que la inspiración vuelva a mí!

QUE SEAS TU QUIEN ME LO CUENTE

Imaginé que te resultaría imprevisible mi llamada, siento haber actuado con tan poca precaución y tal descaro. Pero necesitaba que fueras tú quien me lo contara. Oír tu voz narrándome sobre nuestros encuentros, de cómo lo hacíamos hará un tiempo. De una batalla de miradas de la cual nos hicimos dueños. De tu mano deslizándose entre disimulados roces por mi cuerpo.

Me gustaría que me recordaras como fueron, pues yo apenas puedo, tus besos. Aquellos que comenzaban con hambre de deseo. Saboreando mis labios entre suaves mordiscos y con ariscos gestos sujetar mi boca a medio abrir con tus dedos.


Quizás puedas describirme el sentimiento producido una vez que te abalanzabas sobre mí, cuando agarrabas mi pelo enredado en tu mano, evitando que me incorporase para provocar tu cuello. Cómo insistías con dichos actos que tú eras el amo y yo tan solo esclava de placeres de uno de tus juegos.


Realmente necesito que me expliques como yo te desnudaba con mis manos y tú con la mirada. También tú recordarás aquella pausa. Pausados para admirar el primer premio de una aventura que no había hecho más que comenzar. Ver mi cuerpo desnudo frente al tuyo. Yo tan ridículamente nerviosa y tú tan poderoso resultabas imposible de alcanzar.


Relátame de tus intenciones, cuando en mis intentos de acercar mi mano hacia tu miembro, con una ligera manotada la apartabas para ser tú el creador de placeres frotando fuertemente mi sexo haciéndome ahogar entre jadeos. Provocabas necesitad de sentir tu miembro cuando me advertías de su llegada introduciendo a su debido tiempo uno, dos y hasta tres dedos.


Me gustaría ver una vez más esa sonrisa dibujada en tu cara cuando por descuido bajabas la mirada. Tus incrédulos ojos posados sobre mi pecho y la necesidad de tu mano convertida en garra de asegurarse que aquella visión no era un espejismo, sino un hecho cierto.


Y corrígeme si me equivoco, pero creo recordar que también tus primeros impulsos para sentirte todo en mí, esos pausados pero constantes empujones contra mis adentros me producían simpáticas sonrisas de satisfacción. Y hacíamos el amor riendo.


Enumérame las veces que me hiciste tocar el cielo. Al menos aquella noche sobre la arena y te enumeraré cada una de las veces que perdí el aliento mirando las estrellas. Y llegaron. Mis primeros gemidos de placer supremo. Tú en silencio como siempre y mi impaciente boca dejando escapar lujuriosas soeces que no hubieran sido confesadas de haber pasado por mi mente.


Recuerda y hazme recordar la rabia que agarraba si con tu lengua recorrías parte de mis senos y descendías por mi vientre en busca de lo que no permitía que probaras. Entonces sumisa se convertía en ama. Y obligándote a intercambiar papeles te tumbaba mirada fijada en el techo mientras era yo quien te saboreaba. Mi lengua más curiosa que yo misma quería conocerla al pie de la letra. Y aunque curiosamente haya olvidado cómo era, recuerdo que me gustaba recorrerte a lametones de arriba abajo y viceversa, atragantarme de ti apretando con mis húmedos labios y mi endurecida lengua. Hasta descender y sentir su calidez mientras entra. Tu silencio interrumpido por un inevitable suspiro. Creo recordar que te encantaba que te la comiera.


Deberías contarme también sobre aquellas veces que una vez liberada de aquella etiqueta cargada de miedos me incorporaba para bajar en el mismo momento de sentir como nuestros sexos se conectaban. Me encantaba subir y descender lentamente o cabalgarte con todas mis ganas. Entonces un conjunto de movimientos se repetían de manera que se escucharan tus suspiros adquiriendo una gravedad entrecortada.


¿Sabes? Destrozabas mi sexo cuando una vez te sentía fuera me agarrabas para darme la vuelta y volver a mí desde atrás. Tú al límite y yo al borde de repetir una vez más. Mis agudos gemidos convertidos en auténticos gritos. Y en plena embestida producirme el deseo de que terminaras dentro. Tú al límite y yo repitiendo. Llegábamos a un punto en el que no teníamos porqué contenernos y tras últimos esfuerzos terminar recuperando el aliento a caladas en el suelo.


Gracias. De verdad necesitaba que fueras tú quien me hablara de estos recuerdos. Siento haber llamado ahora que se que estás con ella. Pero ya sabes cómo soy. Necesitaba hacerlo.

Musa de la Glíptica



ADORABLE TIPO DESAGRADABLE

Me siento incoherentemente atraída por una persona horrenda, cuyo físico precisamente no es el más afortunado, cuya prepotencia puede convertirlo en el ser más insolente, cuyos gestos van cargados de violencia y desagrado.

Pero yo lo encuentro hermoso, y me deleito con la belleza que posee aquel monstruo que se mofa de los más desamparados para hacerse ver y valer. Sueño con encontrarme entre los brazos de quien tan solo tiene garras para hacer daño.


Precisamente él, que no merece mi amor ni el de nadie, me tiene absorta fantaseando con desafortunados encuentros, donde yo lo observo y como respuesta obtengo la ignorancia por mayor agrado.


Tendré que contárselo a mis familiares y amigos, que extrañados por mi poco interés hacia el amor siempre me habían forzado a buscarlo. Iré y les contaré pasionalmente que al fin me he encontrado la persona repugnante y cruel de la cual me he enamorado.

Musa de la Glíptica

¡Siento muchísimo el abandono de este pequeñito espacio! Lo compensaré con Besitos de colores

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