SILHOUETTE

Resulta imposible conciliar el sueño con ésta lluvia golpeando sobre los ennegrecidos cristales de la ventana. ¿Qué hora es? Las cuatro. Tan solo hace dos horas que volvimos de aquella descorazonadora celebración de bodas.

Aquel al que amo duerme apaciblemente a escasos milímetros de mi rostro, aún así, la oscuridad me impide verlo. Realizo el esfuerzo de levantarme sin despertarlo, aunque debido a los grados de alcohol sumados con el cansancio que arrastra todo su ser dudo que aún siendo brusca pueda perturbar su reposo.


Me desenvuelvo de las sábanas que nos cubren y trato de arropar su cuerpo con sumo cuidado. Busco a tientas en el suelo entre nuestras prendas el abrigo de cuero aún mojado. No lo encuentro, quizás deba encender el flexo.


Mi respiración se ve entrecortada al escuchar el “crack” generado por el muelle de la cama. Tranquila, sigue durmiendo. Para mi sorpresa en el suelo solo encuentro mi vestido y los pantalones de su traje de chaqueta. Mi abrigo no. Mi abrigo ocupa su lugar en el perchero.


Descalza y en ropa interior recorro con sigilo, a oscuras todo el pasillo. Parece increíble que no sienta la humedad calándose en mis huesos durante ésta tormentosa noche de Septiembre dónde el tiempo decidió cambiar repentinamente. Saco del bolsillo interno aquella cajetilla de puritos un tanto arrugada a la cual nos convidaron durante el banquete. Un presente para celebrarlo ¿No? Vaya una forma de matarnos.


Me acomodo en el sillón de la salita y situando el cenicero sobre mi regazo trato de encender el primero de aquellos gruesos cigarros. El mechero no funciona, debía suponerlo. Por suerte encuentro otro a mano sobre la mesilla. Enciendo con facilidad el puro y aspiro aquel veneno.


Inclino mi cuerpo lo suficiente como para visualizar a través de las numerosas puertas abiertas mi dormitorio, en él, sobre la cama, bajo las sábanas, el cuerpo de mi ángel (Borracho, pero ángel al fin y al cabo) descansando. La luz de un rayo desvía mi atención hacia la ventana, pocos segundos después se manifiesta su sonido. Vaya una noche tronada.


Expulso suavemente todo el humo de mi garganta creando psicodélicas formas grises en el aire. Imagino que se tratan de pensamientos. Deben de ser tan difusos. Medito sobre mis deseos. Tan solo existen dos respuestas a aquella cuestión que me lleva horas rondando la cabeza. El problema es que son extremadamente opuestas. Juego a intentar ver ambas en consonancia.


Supongamos que una respuesta es representada por el habano que sujeto en mi mano. Supongamos que la otra alternativa es el gotelé de la pared que hay justo detrás de éste. Intento enfocar con mis ojos ambas cosas a la vez. O se trata de un hecho imposible o el sueño ha decidido acompañarme a estas alturas de la madrugada. Quizás deba probar mañana.


Parece ser que la lluvia ha cesado. Todo hubiera quedado en silencio de no ser por el “Tic” de un interruptor. Proviene de mi dormitorio. Mi cuerpo de nuevo inclinado lo suficiente encuentra vislumbrar a través de las anteriormente mencionadas puertas la silueta a contra luz de quien, despierto se recorre el pasillo con la intención de llegar a mi encuentro.


Anhelo que no me mire. Pero tampoco hago nada por evitarlo. Tengo la piel amoratada por el frío y llevo toda la noche llorando. Horrible ¿Verdad? Sin embargo el se sitúa en mí, envolviéndome con sus brazos. Mmm… Qué desahogo. El amor hace milagros.



Musa de la Glíptica 



No podía dormir anoche. Yo también tengo mis dudas... Hasta que logre resolverlas, me despediré siempre con Besitos de colores.

DEL AMOR AL ODIO

Lo había odiado, me contó. No siempre lo había odiado, pero si todo el tiempo que supuestamente él había tenido que amarlo, cuando aquel tiempo había sido muchísimo más corto en comparación con lo que él realmente había amado en silencio durante años.

Lo había amado, creyendo que el tiempo lo cura todo e intentando no odiarlo hasta darse cuenta de su autoengaño. El tiempo no había logrado curar todo ese dolor sufrido en un pasado, y los buenos recuerdos no contrarrestaban los malos.


Musa de la Glíptica


La historia más sincera que he sentido... Concluirá en un futuro no muy lejano, hasta entonces solo me queda decir; Besitos de colores. 

DESEO DE LLUVIA

Hubiera deseado que lloviera aquel día, añoraba el olor del húmedo asfalto de aquellos viejos callejones. Los oscuros escaparates mostraban una escasa decoración un tanto lúgubre que alejaba al público cualquier idea de adentrarse en aquellos comercios.

Abrió el paraguas en seco y se paró frente a una pequeña boutique, Dentro estaba ella. La observó. Comprobó cada uno de sus gestos que delataban la espera de que algún cliente la mantuviera alejada de aquellos recuerdos tan recientes que debían rondar la cabeza a ambas.


Mordisqueaba su bolígrafo hasta desgastarlo. Adelantaba un paso con ánimo de realizar alguna acción y de nuevo se paraba en seco para seguir titubeando con el bolígrafo.


El Reloj. Creyó que su trabajo consistía en vigilar aquel enorme Reloj de bordes rojos, no fuera a ser que sus pequeñas manecillas lograran escapar de aquella barrera de cristal del mismo modo que ella deseaba escapar de la tienda.


Su atención al Reloj se vio interrumpida por el sonido de un paso de tacón junto a la puerta. Miró y no vio más que hojas caducas levitando a pocos centímetros del suelo. Tan solo tardó un segundo en reaccionar y andar hacia la puerta.


Se alejaba de aquel lugar a paso cada vez más lento debido a la carga de arrepentimiento que arrastraba con sus zapatos, a poco menos de diez metros escuchó el “tilín” de la campanilla de la boutique, y de aquella puerta abierta pareció surgir el aroma de sus cabellos.


Paró en seco y respiró hondo, quería recordar aquel olor al menos un par de horas antes de asegurarse que pasaría mucho tiempo antes de volver a respirar ese aire perfumado. Imaginó su cabello perfectamente recogido salvo su desastrado flequillo. Y de nuevo echó a andar por aquel imperfecto callejón negro.


Asomó la cabeza por la entrada de la boutique. El viento hizo batir un poco el flequillo sobre sus entristecidos ojos. Observó como una persona se alejaba adentrándose en lo más profundo de aquellas calles. Intentó intuir su figura a través de un enorme paraguas que cargaba sobre su hombro, más éste lo cubría tanto que ni a sabiendas de que era ella fue capaz de pronunciar su nombre.


Miró al cielo. No llovía, aunque hubiera deseado que lo hubiera hecho. Impulsó un último suspiro antes de recogerse con el “Tilín” de la entrada. Y apresurada, de nuevo dirigió su mirada hacia el Reloj no fuera a ser que algo hubiera cambiado. Sin pensar que un segundo más ya era todo un cambio.



Musa de la Glíptica

Distintas versiones en tercera persona. Les dejo de nuevo con Besitos de colores… ¡Hasta que la inspiración vuelva a mí!

ADORABLE TIPO DESAGRADABLE

Me siento incoherentemente atraída por una persona horrenda, cuyo físico precisamente no es el más afortunado, cuya prepotencia puede convertirlo en el ser más insolente, cuyos gestos van cargados de violencia y desagrado.

Pero yo lo encuentro hermoso, y me deleito con la belleza que posee aquel monstruo que se mofa de los más desamparados para hacerse ver y valer. Sueño con encontrarme entre los brazos de quien tan solo tiene garras para hacer daño.


Precisamente él, que no merece mi amor ni el de nadie, me tiene absorta fantaseando con desafortunados encuentros, donde yo lo observo y como respuesta obtengo la ignorancia por mayor agrado.


Tendré que contárselo a mis familiares y amigos, que extrañados por mi poco interés hacia el amor siempre me habían forzado a buscarlo. Iré y les contaré pasionalmente que al fin me he encontrado la persona repugnante y cruel de la cual me he enamorado.

Musa de la Glíptica

¡Siento muchísimo el abandono de este pequeñito espacio! Lo compensaré con Besitos de colores…

EN EL SUEÑO

Deberías dejar de aparecer en mis sueños. Dejar de encontrarnos con tal deseo y desvergonzamiento que nos tiremos sin prejuicios ha hacerlo ahí mismo. En el sueño.

Musa de la Glíptica

¡Últimamente estoy siendo breve! Eso sí, he actualizado bien rápido desde la última vez. De nuevo... Besitos de colores… ¡Nos vemos y nos leemos!

SOBRE UN LIENZO

Pintando recorrió todo mi cuerpo.
Sobre el lienzo, dio una pincelada más y se me erizó el vello.


Musa de la Glíptica

Tengo ganas de volver a oir palabras de amor hacia el arte. Hacia el arte de verdad y no lo que hoy en día se conoce como tal. Besitos de colores… Una vez más ¡Seguiré escribiendo!

CALIGYNEFOBIA

Cada cuarto femenino que visitaba tendía a ser una copia inexacta del anterior. Muebles colocados en distinta posición y variedad de tamaños de habitación era lo único que los diferenciaban. Luego estaba aquella esencia que debe de tener el dormitorio de una mujer. Su esencia era rosa, aunque no lo fueran las paredes (¡Y rara vez aquella en que no lo fueran!) y ordenada (Hasta la más caótica colocación parecía seguir cierto orden y control).

Caminaba con aspecto desganado y poca elegancia. Reía abiertamente a nivel alto con sus amigas haciendo se notar entre las demás. Sin embargo no me costó gran cosa imaginarme acomodándome sobre ella en su dormitorio de esencia rosa y ordenada.


Frente a su escritorio, un enorme corcho teñido de azul el cual había sido convertido en un universo posicionando sobre él idénticos alfileres perlados falsificando algunas constelaciones conocidas y otras que nunca me había aventurado a conocer.


Uno se cree distinto al resto y lo corrobora buscando en uno mismo pequeñas manías y costumbres injustificables. Me agrada más encontrar diferencias que similitudes con el resto de la humanidad. Aún así nunca me he considerado – Demasiado – especial.


Avancé en su habitación y se preocupó por mi comodidad ofreciendo alguna distracción como podía ser la música. Acepté. Con poco disimulo y precaución se agachó a enchufar el equipo musical. Desvié la mirada hacia el escritorio cuidando así no ser tentado de mirar más allá de lo que aquella falda podía tapar.


Pude oler el descontrol en el perfume de cola blanca. Sobre la mesa una carpeta en proceso de decoración. Cuidadosamente colocadas en la carpeta (Y pegadas en ésta) alas de todo tipo de mariposas arrancadas de cuajo con cierta delicadeza. Un tarro con media docena de lepidópteros junto a un bisturí de cirujano me hizo pensar que se trataba de artesanía pura de una mujer de pocos escrúpulos.


El decadente principio de “Le Moulin” (Composición que me inspira a superación ó resurrección… Aún no lo tengo claro) de Yann Tiersen irrumpió en el cuarto evitando la prolongación de aquellos segundos de incómodo silencio. Era una canción bastante acertada para la ocasión. Aunque empiece con notas inquietantes a los pocos segundos se torna en una melodía agradable. Esperaba que ella fuera igual.


Me ofreció algo de beber. Acepté (Pues lo necesitaba). Me senté sobre la cama a esperar a mi anfitriona descubriendo entre las sábanas la existencia de un grueso álbum de fotos titulado “Año 2008”. Al principio todas las fotos me parecieron iguales – La misma ventana fotografiada desde el mismo ángulo – tan solo variaban las fechas (Una imagen diaria). No tardé en descubrir que no era la ventana la protagonista de la colección si no el cielo. Descubrí las estaciones del año en aquel álbum de fotos.


Todo un año fotografiando el cielo desde el mismo lugar. Tenía cierto encanto y misterio aunque el absurdo pudo con ambos. Entro en la habitación con una bandeja ocupada por dos vasos de cristal, y dos botellas; Una de batido de chocolate y otra de absenta negra (¡Absenta!). Me dio a elegir y evidentemente me quedé con el batido de chocolate. Apoyó la bandeja sobre el suelo y se marchó con la botella de absenta sin previo aviso.


Me tumbé sobre la cama, procurando no encontrar ningún otro objeto peligroso entre aquellas sábanas. Me pregunté qué cuanto tiempo nos llevaría conocernos lo suficiente como para empezar el acto (Al fin y al cabo era el único motivo que me había traído hasta aquí). Luego me pregunté qué tipo de chica sería aquella en la cama, me costó imaginarlo. Dejé de pensar, pues mis pensamientos se fuero volviendo una y otra vez más lujuriosos.

Y entonces entró ella. Se quedó un tanto perpleja al verme acomodado sobre su cama. Sin hacer ni el más mínimo comentario se sentó en una esquina de la cama junto a mis zapatos agarrando fuertemente su vaso de batido con ambas manos. No supe que decir. Miré al techo y me percaté de que éste había sido decorado con miles de frases cortas. Releí un par de ellas. Algunas estaban en ingles, otras en alemán y la mayoría en español.


“Son letras de canciones” Me explicó. Lo más intrigante había sido de qué forma había escrito aquellas frases por el techo que no era ni muchos menos nada bajo. Leí un par de frases en voz alta para sorprenderla o evitar más silencio y pocos segundos después la tenía tumbada a mi lado.


Le acaricié el pelo, más no sentí nada. Gire la cabeza para mirarla a los ojos, no eran los más bonitos que había visto, pero sí fue la mirada con más fuerza. Describiría a aquella chica como puro misterio y peculiaridad. Me vi vacío mientras acariciaba esa melena incapaz de sentir ni la más mínima calidez. Me creí incapaz de sorprenderla, y noté como mi deseo de acostarme con ella se apagaba, no tenía nada que ofrecerle. Su mirada empezó a causarme miedo. Mi mente corría a lo lejos, deseando huir de aquella casa, de aquella niña maniática. Y sin embargo, mi cuerpo la besaba.


Salí de aquella casa a la mañana siguiente, abandonándola entre sus mentoladas sabanas. Decidí que no quería verla nunca más, odié el haber experimentado sentirme tan simple y vacio cual muñeco de trapo. No quise conocer de sus sueños, que tanto podrían haberme enseñado o impresionado. Caminé hasta mi casa, y abrí las puertas de par en par, llenado los pulmones del aroma de aquellas paredes impregnadas de – Normalidad.


Estaba cansada de la misma experiencia, aburrida de que la gente la temiera. Se levantó de la cama dejando que las sábanas la desenvolvieran hasta caer en el suelo. Se situó en el centro de la habitación para montar una escalera plegable, mientras sostenía en su mano una paleta usada y un pincel. Subió los escalones a dar un par de pinceladas y humedeciendo la pintura con saliva, trazó entre suspiros unas cuantas palabras dotando su techo de un nuevo mensaje; “Opend mind for a different view (Metallica)”

Musa de la Glíptica

Besitos de colores a todos y todas… ¡Nos vemos y nos leemos!

ENTRE ESCONDITES Y LLAMADAS

Asomada desde el balcón de mi tercer piso, inclinado mi cuerpo sobre la barandilla, la buscaba recorriendo la envejecida acera que debía haber bajo el edificio. No la veía, tan solo oía el traqueteo de su maleta de ruedas por aquel pedrizo pasillo.

Las calles estaban mojadas, y grandes charcos se formaban por aquella avenida principal dónde debían pasear en carros de caballo los turistas. Miré el celeste, que quiso disimular su culpabilidad frente al desorden mostrándose con un tono azul cielo.


Dejó de sonar aquel traqueteo éntrela multitud de sonidos de la calle, y percatándome de ello, volví a mirar abajo, y la vi, de pie frente aquel paso de peatones, con la cabeza bien alta miraba de un lado a otro, esperando que se encendiera aquel muñequito verde que le cedía el paso según el código de circulación.


Aquellas gafas de sol le tapaban media cara. Durante la espera, abrió su bolso y sacó un paquete de tabaco, del cual sacó un cigarro negro, sabor chocolate. Observé por última vez la seguridad de sus gestos mientras se encendía aquel vicio contaminante. Al mismo tiempo que le daba una calada, la palpitante luz naranja de aquel semáforo se tornó a rojo logrando la detención de varios vehículos. Permaneció de pie durante unos segundos.


Entonces giró la cabeza. Me miró a través de aquellos enormes cristales negros, y como si conociera mi mayor deseo en aquel preciso momento, me dedicó una enorme calada expulsando hacia mí lentamente el humo de su garganta. Torció la esquina y la perdí de vista.


Sin cerrar la puerta volví a mi habitación, dando permiso a que el viento entrara e hiciera bailar mis cortinas blancas. En la mesilla de noche descubrí uno de sus oscuros paquetillos de tabaco, arrugado y terminado, pero no vacío. Cuál fue mi sorpresa al abrirlo y encontrar dentro una china de hachís envuelta en un billete de veinte euros.


¡Clock! Es un buen sonido para una puerta que no se cierra con brusquedad a pesar de las prisas. Aferrándome a la barandilla para no resbalar mientras bajo los escalones de dos en dos a paso largo llego hasta el portal de mi edificio y lo abandono trotando hacia la estación de autobuses la cual no se encuentra demasiado lejos. Recorro un par de calles en zigzag a paso ligero, casi corriendo.


Me abro paso entre la gente que pasea a lo largo de la calle mayor. A la derecha de los coches que cruzan la carretera un par de niños juegan peligrosamente con la raqueta. Un mal rebote de la pelota hace que ésta resbale debajo de un coche adecuadamente estacionado, golpeé un gato negro que sale disparado de su escondite ante tal espanto. El gato se cruza con una mujer mayor y supersticiosa, la cual mal pronuncia un ¡Oh! Agudo y seco, Y en un momento de desconcentración tropieza conmigo. La ayudo a levantarse y continúo andando.


Llego, pero llego tarde. Busco ansiada la ventanilla titulada “DAMAS” me adelanto a varias personas que me acusan con miradas severas y pregunto la hora de la última salida hacia Málaga. Queriendo creer que cinco minutos no es tiempo, me acerco hasta el andén número quince que de alguna forma acusadora se muestra inmenso y vacío.


Me siento en el banco tratando de recapacitar sobre los últimos veinte minutos de mi vida. Fijando la mirada en varios puntos de la estación y a la vez no viendo nada. Montones de imágenes se forman en mi cabeza. Imágenes que siempre acaban con su última calada. Pasa un autobús amarillo frente a mí, y desconcentrándome de éste modo de aquel muro que me tenía tan abstraída me decanto por buscar su número en la agenda del móvil y la llamo.


Me ilusiono durante los tres primeros pitidos de espera y me decepciono ante la señal de alguien que desde el otro lado ha cortado. Y suena la tercera canción de aquella banda sonora de una película que habla de la vida de un payaso. Y en la pantalla de mi pequeño aparato tecnológico visualizo las cinco letras que forman su nombre. Descuelgo y le hablo. Y por fin le digo todo lo creo sentir, eso y que se había olvidado una china envuelta en un billete de veinte euros.

Musa de la Glíptica

Besitos de colores a todos y todas… ¡Nos vemos y nos leemos!

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